SANTOS AMESTOY

VIDA, ESPLENDOR Y HERMOSURA

ABC Cultural , 29/03/2002

Vida. Esplendor. Hermosura. He aqui los nombres de las tres sensaciones que, en su más serena y cotidiana manifestación, salen al encuentro del espectador de la obra reciente de Patricia Azcárate. Pintura de evidente sustancia poetica, la de esta exposition con titulo mediante el cual parece aquella declararse: Almas perdidas. Impregnadas, tal vez, de cierta ideología orientalista, bástenos aludir al carácter lírico de sus motivaciones y formulaciones sin que este comentario haya de entrometerse en la reserva de la intimidad.

Nada mas alejado de lo definitorio y del nominalismo que el encuentro (incluso en una mesa de operaciones) del adjetivo "lírico" con el adjetivo "abstracto". Apelativo conventional, y no marchamo, su principal virtud -si alguna tiene- se manifiesta en la irreductible indeterminación tendenciosa que exonera de la prédica obligada. De la operatión teoricista sin cuya precedencia obligatoria no se otorgaba ya legitimidad artística a la práctica de la pintura que, de esta suerte, quedaba siempre reducida a la condición de «simulacro» (R. Krauss, D. Paparoni... y secuaces ibéricos). Asociar por lo tanto la pintura de Azácarate a los abstractos líricos -con los que expuso en aquella finisecular ocasion de 1996- no es mas que una manera de hablar; pero, eso si, cargada de sentido. (No tema, pues, mi admirado Marin Medina, autor del texto introductorio del catálogo, que ser llamado «lirico» no es ser adscrito a una tendencia, a un <<ismo>>: es lo contrario; es indicar un sentido, decir una manera -un ethos, mas que una referencia estética- de ser pintor).

A la pintura de Patricia Azcárate le conviene ser llamada abstracta, si ese impreciso término se toma -como aconseja el mejor uso- en el sentido que marca lo que es tradición del siglo XX: la de considerar que el espacio de la pintura es el de dos dimensiones, sin que ello niegue la oportunidad de plantear elocuentes diálogos entre la superficie y el fondo o entre el espacio y la evocación del paisaje, como sucede en estos cuadros. Sin que impida, sino que haga fecunda y sugerentemente posible, interrogar a la Naturaleza , como hace Azcárate, en los términos de una ya larga conversation que ciertos pintores abstractos han venido manteniendo con las más abiertas posibilidades del impresionismo. A estas se remonta el interés por los espacios de la pintura oriental que tampoco son ajenos a nuestra pintora; al lírico esplendor de esta hermosa pintura de la vida, dicha en la tradition del impresionismo abstracto y a la que no es ajeno el espacio paisajístico- cósmico de la pintura oriental.