TOMAS PAREDES

Patricia H. Azcárate. Materia y memoria como existencia.

El influjo de los signos y las formas, el ascetismo del color y las materias; un trasmundo, donde se libra la nada, la vida y la muerte, la desintegración o la trascendencia.

Una generosa gama de grises, desde el blanco incierto al bistre: gris ganga, pizarra plomo, perla, plata. Y símbolos, en ocre, negro, amarillo óxido, pardos o ultramares. Perspectivas aéreas, planos diversos, como una constante en la que se enfrentan: realidad/más allá, duda/luz, presente/memoria, persistencia/disolución.

Dibujos y técnicas mixtas. El dibujo más espontáneo, desenfadado, fresco, donde las cromías se disputan la belleza.

Óleo, acrílico, grafico, materias y lajas de pizarra, para la densidad en un discurso severo y profundo, cuando el temor y el deseo se alían, para alumbrar el horizonte o sembrarlo de incertidumbre. Un lenguaje duro, pero no hostil, un forcejeo entre la razón y la cultura recibida, bajo un manto de acero suntuoso, sin que llegue a deslucir el poso del concepto.

Ante todo, la superficie exquisita, trabajada; después, el discurso persistente de la materia; además, la vida callada de los símbolos. Islas y tierra, óvalos, círculos, cuadrados, torrentes de grisazul,y paisajes de ceniza. La isla asimilada a la mujer, símbolo de aislamiento, soledad, y muerte; el cuadrado, también femenino, emblema de los cuatro elementos, de los cuatro elementos, de los cuatro puntos cardinales , de la totalidad. Y la memoria y el tiempo, rivalizando en el misterio, buscando la luz y desbrozando las tinieblas.

Patricia H. Azcárate, Madrid, 1959, licenciada en Bellas Artes, comienza a exponer, participando en certámenes, en 1980, seleccionada en diferentes premios, ha concurrido a algunas colectivas y esta es su primera individual.

Por ello sorprende su solidez, la limpieza del color, la tersura del concepto, la valentía de su razonamiento filosófico, ahondando en el sentido último, cuando apenas la vida le comienza.

¿Huellas?, las hay, pero sin conseguir desviar el tono de su voz; ese timbre mistérico y preciso, indagando en el espacio, delimitando lo sagrado y lo profano, esa vehemencia en la usura de las calidades, marcan el inicio de un camino, difícil como pocos, porque no sólo está en juego el hechizo de la estética, sino un estilo de expresión, trasunto de su vida.

Nada aquí es pura forma, sino acción sobria búsqueda de su destino, cuya brillantez la dará la medida de su ambición si logra mantenerla enganchada a su autenticidad. Un magnífico comienzo, a los pocos días de la inauguración, todos los dibujos vendidos y casi todos los grandes formatos, una realidad demasiado dulce que no debe deslumbrar su andadura. (Galería Rojo y Negro. Plaza de las Salesas, 2. Hasta el 20 de marzo).