RAMÓN MAYRATA

ESQUELETO DE LA ALEGRIA

Catálogo de la exposición "A pleno pulmón .Programa Constelación Arte. Junta de Castilla y León. Enero 2007.

El toque entre dos esponjas es un beso extraño. Te hace sentir el tacto no se sabe de que. La pintura ya era espacio. ¿O atósfera? De allí vienen las esponjas de Patricia Azcarate. Salen a la hondura exterior que absorbe el mundo interior y sus colores se encienden al igual que una luz en el fondo del mar. El espacio se llena de luz. Un universo oculto se revela, universo Intimo, con la viveza de lo orgánico en un medio acuoso y denso. El color y la luz flotan en el líquido amniótico del espacio como un estado de ánimo, de modo parecido al que provocan ciertas músicas.

¿Ya nunca será de noche? Esponja, bicho, tú que miras como el sol, -sin ojos- tienes que imaginar el mundo mediante la luz. Sin manos, eres todo caricia. En cuanto a la alegría no sabemos casi nada. Tiene un color distinto del previsto. Un cuerpo cribado, cavidades, cámaras vibrátiles, haces radiales, membranas, espículas. Sin huesos.

Me llamaba la atención ese dedi­carse a manipular algo sin huesos, el color- bermejo, verde, azul, sueltos y libres los colores que habitan su vida - y me dije que suponía creer que la materialidad de las cosas se expresa a través del color. Tal vez del dolor. Creencia de pintora, pensé, considerar que la irradiación del color es la irradiación de las formas, su sangre en ple­nitud. Formas iluminadas, coloreadas, se sienten felices sin saber porque. De la alegría no sabemos casi nada, que transita y fluye en un mundo físico, espacial, suscitando un lugar donde solo puede penetrar la luz.

¿ Dónde van las bolas que la malabarista olvida recoger? Desde luego no al molde de lo ya sabido. El aire esta lleno de agujeros. Las esponjas parten provistas de los colores que produce nuestra mente como los aviones producen humo. Las formas conquis­tan el espacio hacia delante. Es lo contrario de traspasar el espejo. ¿El color nos acerca al mundo o nos separa de el? ¿ Mirar es un poner y quitar colores? No, mirar es agujerear y ver es descubrir de un golpe que el color es la luz. Transparencia que se abre paso en esa masa pegajosa que llamamos mundo.

De la alegría nada se sabe. Salvo que el color vive en el universo y al moverse todo lo transforma con la eficacia de un acto reflejo. Incorporadas a la vida las esponjas plasman el sol del día en época de densas nubes. Hay más color que forma pues las formas son cambiantes, concreciones del gozo que flotan con melancolía, suscitando una sensación olvidada de placer y libertad, múltiples soles que forman constelaciones en un cielo extraño.

¿El color es un fabricante de ilusiones? ¿Finge e ignora o, por el contrario, revela? En este mundo los colores emigran de un continente a otro y son rostros de colores distintos los que traen a las aceras de nuestras ciudades la evi­dencia del aislamiento y el sufrimiento humano. En ocasiones no los vemos y es preciso pasar la esponja para que recu­peren su viveza. Las esponjas son capaces de absorberlo todo Sus poros engullen misteriosamente las tinieblas y en su superficie muestran una intensidad radiante como los colores de Klein, Kapoor o Laib.

Nada es blanco tras la limpieza de las esponjas. El poro es la brecha que reúne exterior e interior, luz y oscuridad, donde anverso y reverso se han desgarrado. El poro es un camino de exploración de las emociones, el camino escogido por esta artista abs­tracta que busca el significado en su interioridad. En la esponja el color deja de ser superficie y se convierte en sustancia y en su interior se agolpa la oscuridad igualmente tupida.

Levantas los ojos para contemplar los hilos que trazan la ascensión de las formas y los bajas para ver las saliva de vidrio por las que resbalan y caen. Labor de arana siempre en el precipicio. Pero no hay un orden circular, cósmico, sino compositivo y subjetivo. Hay juego y riesgo. La pintura puede contemplarse a través del espacio ocupado por las formas, como un eco. En cada esponja, parecida al deseo, se agolpa un silencio expectante. Hay algo que puede insinuar una entraña abierta, el interior de una vagina o útero. La esponja húmeda se vuelve plena y acariciadora, recibe, se empapa, da, es suave, llena de bocas e impulsos. Seca es soledad, aspereza, dureza, esqueleto sin receptividad, pero igualmente bella.

Cuando nadie to observa entre las hojas veras cerrarse uno a uno los ojos de las esponjas, escribió Gerardo Diego. Busco los dedos de la esponja en su mirada vacía de pez al que han sacado los ojos. Dedos porosos, de ciegos colores, que tantean la luz y la obscuridad. Allí donde gravitan transforman el aire. En cierto modo la pintura produce su propio software. Quiero decir que la ilusión que provoca la pintura fluye también en las instalaciones. Materia en suspensión, solitaria, soñolienta, las esponjas suenan que ocupan su lugar en el vacío y despiertan dulcemente en el aire. No hay agua, pero tienes la sensación de contemplar el resplandor de las esponjas flotando en el sosiego de un acuario, en una ceremonia tranquila que recrea ese agua que no existe y siempre fue su medio.

Te preguntas como has entrado en este universo de placer y, de repente, el cuerpo recuerda. Ahora es el obje­to mismo el que se vuelve explicito. Recuerda, como una confidencia, el contacto. de la esponja que recorre la piel lentamente y aparta los restos de espuma, el roce que acaba de arrancar ese gemido de amor que viene del limo, del fuego y del cobijo. Su forma, también su olor y sabor, cambia, se modifica y transforma de manera que no sabes si estas sintiendo la caricia de la esponja o hueles, saboreas y palpas algo que emana de ti. Principio y fin, la esponja y tú. Te vacías en la esponja, la esponja te vacía.

Nada esta fijo. El objeto v la som­bra tienen la misma importancia columpiándose en la pared. La danza de la sombra crea el espacio. Tal vez ya sabes a donde van las bolas que la malabarista olvida recoger. Y tú con ellas. Alguna vez leí no recuerdo donde: Las sombras atravesaron las nubes con alas negras. En mitad del mar se arrojaron a las profundidades. Nunca tuvieron cuerpo, Temblaban. Nunca será de noche, decías. Y, sin embargo, siempre es de noche. Las sombras nos llevan de la mano a todos los descubrimientos, nos obligan a asomarnos a donde están los misterios, a los acantilados donde antañ o se pescaban las esponjas. De la alegría nada se sabe, solo que tiene luz propia, su carga de sol, y encabeza la danza gozosa donde los colores, como la agitación del mar, encuentran la manera de transformar lo que miran.